
Queridos amigos: estoy pelín quemada, así que me tomo unas vacaciones (espero que no por mucho tiempo, pero no lo sé).
A quienes ya tienen mi correo, seguiremos en contacto, a quienes no... en fin, nos veremos por la red.
Abrazos a todos
Momentos lamentables

Empiezo este post con el título de la sin par película que tanto me ha hecho reir para contar a quí algo que no me ha hecho ni puñetera gracia...y es que yo pongo un circo y me crecen los enanos.
El amigo Juan Pablo me ha enviado esta cadena (meme) en la que propone una vuelta al pasado. Hemos quedado en contar la verdad y la mía (no podía ser de otro modo) es cruda...aunque no hay mal que por bien no venga y de todo aquello también se aprende!! Vamos allá.
He decidido empezar con esa manchegada que me enseñó mi abuelo y que se usa para decir que de donde no hay, no se puede sacar, que no se le pueden pedir peras al olmo, que...en fin, cuán rico es nuestro refranero! Pues todo eso, amigos, podéis aplicarmelo a mí sin miedo a equivocaros.
Hace unos años llegó a mi pueblo una familia gitana, de Córdoba, que nos alegró la adolescencia llenando el campo de caballos que nos dejaba montar gratis para que "estiraran las patas" por el monte cercano.
Amigos, he decidido empezar a etiquetar mi blog y esta historia, relacionada con mi chico, va a ser la segunda entrega de "La parienta".
A lo que voy, además mis vivencias con las distintas religiones que se practican por estos mundos, han sido, cuando menos, peculiares.
Tengo un recuerdo de infancia que se me viene a la cabeza las tardes lluviosas, sobre todo de domingo. Como es un momento del que no me siento especialmente orgullosa, creo que su sitio está aquí, con todos los demás.
Yo aprendí que la vida es dura a muy tierna edad y de un modo absolutamente doloroso.
Cada uno tiene su cruz, la de mi hermano y mía era tener unos padres de todo punto fuera de lo común. Ni él ni yo fuimos bautizados, lo que en una sociedad como la española y en gente de nuestra edad era bastante extraño. Y ahí vuelven a entrar mis padres.
Veréis, hoy tengo que escribir sobre mi abuelo, un insigne manchego que hizo del humor fácil y del chascarrillo una filosofía de vida.
Mi pobre y anciano padre es de un pueblo de Albacete, donde el que más larga la tiene, más hondo la mete.
Como voy a remolque del Termo (cosa que no me avergüenza, por cierto) y hoy el personaje es Arturito Vuelón, no puedo por menos que rendirle pletesía mediante una de las variadas anécdotas con las que ha enriquecido mi (nuestra) adolescencia post-púber.El caso es que cuando acabó de cantar (y de tocar, que no hay que olvidarse de que toca la guitarra del mismo modo en que canta, es decir, personal, muuuuy personalmente) como no podía ser otro modo, la gente pidió más...más, Arturito, danos más!!!
Sólo los vecino evitaron otra noche de gloria para Arturito Vuelón...¡VIVA ARTURITO!!